TIEMPO MUERTO, DE LA PIZARRA

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Se ha convertido en uno de los momentos que más curiosidad despiertan de las retransmisiones deportivas. El tiempo muerto. Y no es casualidad. En sí el tiempo muerto no es más que la posibilidad que en los deportes de equipo se da a los entrenadores para intentar provocar algún cambio en el desarrollo del partido, bien ajustar mejor sus piezas y recordar algunas estrategias, bien parar el ritmo y el parcial del rival, o bien simplemente reducir las revoluciones, reconsiderar el plan inicial y lanzar la contraofensiva. Puede ser incluso que algunos lo vean como una arma arrojadiza en forma de reprimenda colectiva sobre los árbitros cuando la cosa esta caliente y juegas en casa…, pero de lo que no hay duda es que en todos ellos hay una escenificación que los hace comunes, y es el entrenador de la mano de su pizarra.
Y claro para los espectadores que están viéndolo por la tele, es un deleite,les permite saborear el momento del cotilleo, la vieja el visillo del deporte, donde comprobamos quién es quién en cada equipo, quién respeta y atiende las ordenes del entrenador y quién pone cara de circunstancias, quién es capaz de interpretar lo que el entrenador en lenguaje de signos plantea en la pizarra y quién es capaz de distraerse con el personal que le atiende detrás del banquillo dándole el botellin de agua además de seguir con más interés la actuación de las/os cheerleaders.
La televisión nos muestra las tripas de los equipos hasta donde hace poco estaba vetado para el gran público. Y por fín cuando se decidieron a meter la alcachofa en esos corrillos, nos encontramos que no todo son buenas palabras, no todo es oro lo que reluce y que las formulas para conectar y activar a los jugadores son las más de las veces variopintas, o poco eficaces. Es verdad que estas minireuniones sin cita previa que no duran más de 2 minutos se convocan en puntos álgidos del partido donde el estrés y la ansiedad de los participantes están a flor de piel y donde mantener la mente clara es difícil, pero no es menos cierto que los referentes que tenemos entre los entrenadores de primer nivel dejan mucho que desear en la gestión de estos momentos y ahora además no hay engaño, lo podemos ver, palpar, comprobar.

Esta versión 2.0 del entrenador valora básicamente la parte técnico-táctica,pizarra en mano y gesto torcido cual basilisco, antepone la inmediatez de la siguiente jugada a cualquier intento capaz de crear una atmósfera convincente para el equipo, por descontado no le pidamos un discurso coherente,o tampoco un dialogo de donde nazca una idea común con la que afrontar los siguientes minutos y por supuesto en ningún caso una mirada cómplice. El tiempo muerto ya no pertenece al entrenador, pertenece a la pizarra.
Extrapolando a la empresa, ésta hoy en día paga y muy bien por encontrar a aquellos que tienen la capacidad de análisis y previsión para en medio de los acontecimientos y con una gran carga de presión, toleren el estrés y tomen la decisión adecuada pero sobretodo se cotiza a aquél que de entre ellos sabe trasmitirlo, sabe comunicarlo, sabe venderlo a sus compañeros, aparece el líder. De la misma manera la labor del entrenador en cada entrenamiento, en cada partido, en su relación con los medios, sería implementar su liderazgo todos los días pero sobretodo en los momentos de mayor dificultad devolviendo lo más rápidamente el protagonismo a los suyos. En el caso del tiempo muerto es el gran momento de evaluar ese liderazgo, tras esos 2 minutos,el poder del entrenador no es sólo poner la bola en juego en las manos del jugador “on fire” para que siga unas instrucciones con un fin determinado,sino anticipar y expresar las claves que marcaran el partido. Parece mentira que los clubes no se hayan dado cuenta de ello,que  evalúen a sus entrenadores por la toma de decisiones que se dan en los tiempos muertos, en esos momentos clave, y siga primando la pizarra, la cosificación del tiempo muerto,donde los jugadores son avatares que se mueven a diestro y siniestro en medio de una locura colectiva.
Sin embargo, lo más preocupante de esta tendencia no son ya los clubes de élite sino que en la base y en lo que respecta a la formación del entrenador pasando por los diferentes cursos, en ningún momento, se presta demasiada importancia a la especificidad del tiempo muerto, a la gestión del mismo que hay que hacer pensando en la trasmisión a los jugadores jóvenes y a la puesta en marcha de herramientas que creen en el entrenador en formación las competencias adecuadas para solventar este punto con éxito.  Hoy es difícil no ver a un entrenador de base que no actue de la misma manera en sus tiempos muertos emulando a los de la elite quedándose en la solución táctica de la pizarra en vez de una solución más didáctica y dialogada. Pone los pelos de punta ver como chicos jóvenes se dirigen a sus jugadores de una manera intransigente, coartando el talento y la creatividad en favor de algo dibujado en la pizarra con o sin sentido. Porque la pizarra para ser un buen recurso didáctico no hace falta abusar de ella, basta con ser un apoyo del entrenador, en entrenamientos, y en algunos momentos de partidos,solo eso un recurso.

Hay excepciones, y de esas excepciones en Badalona tenemos una, allí Salva Maldonado pasa olímpicamente de la pizarra y se centra en pasear y acomodar su mirada en todos y cada uno de sus jugadores/as para apaciguar los ánimos en aquellos instantes de máxima presión en los que se prefiere un discurso sosegado y sin estridencias, claro y directo que resulte clarividente y sin dudas para lo que ha de venir. Sin olvidar la clave tecnico-tactica, donde Salva se sirve de la preparación del partido en los entrenos ” en ataque vamos con la 2 para para Fulanito y en defensa nos colocamos en doble puño tras canasta….” y ya esta no se necesita más.
Para él el tiempo muerto son pequeñas píldoras formativas, un curso de coaching acelerado que busca impulsar y generar confianza en momentos comprometidos del juego. Él ha hecho del tiempo muerto un espacio para la templanza en vez de un lugar de tensión desmedida, un lugar para la reflexión no exenta de pedir responsabilidades en el juego y un lugar en que los cambios de jugadores se toma sin estridencias donde no se ve ningún jugador descontento ni ninguna falta de desconsideración ni al compañero ni al entrenador. Un lugar para mirar a los ojos, escuchar primero a ayudantes y jugadores, en un diálogo común, ágil y rápido. Os lo recomiendo.

 

 

 

 

 

 

 

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